¿Quién puede hacerse psicoanalista?

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(2) 19/09/2016 12:55h
¿Quién puede hacerse psicoanalista?

En España, como en la mayor parte del mundo occidental, la legislación actual exige que aquellos que quieren estudiar psicoanálisis deben haber hecho estudios de psiquiatría o de psicología clínica previamente.
 
Estos estudios previos garantizan un conocimiento suficientemente sólido de la psicopatología, el diagnóstico diferencial, el funcionamiento cerebral, la psicofarmacología, los métodos de investigación, las opciones de tratamiento y la psicología social, todos los cuales son esenciales para la práctica clínica.
 
Sin embargo, para ser psicoanalista estos estudios no son suficientes. Existen ciertos rasgos de personalidad que deben de estar presentes en aquellos que desean formarse en el psicoanálisis para que ese deseo pueda convertirse en una realidad. Estos rasgos no están necesariamente plenamente consolidados al principio de la formación de un analista, pero tiene que haber un núcleo que pueda desarrollarse.
 
Aquellos que desean formarse en el psicoanálisis en Madrid, en la Asociación Psicoanalítica de Madrid, pasarán por unas entrevistas donde esas cualidades serán evaluadas, conjuntamente con el grado de auto-conocimiento adquirido durante el análisis personal.
 
¿Cuáles son, entonces, estas cualidades?
 
Honradez emocional e intelectual:
 
Todo psicoanálisis y psicoterapia psicoanalítica descansa sobre la búsqueda de la verdad interior de paciente, sea la que sea. Esto entraña una exigencia de honradez de la parte del paciente, pero también de parte del analista. Dado el material sensible con el que van a trabajar, y el grado de confianza que requiere, el analista debe estar dispuesto a reconocer que no es infalible y que puede cometer errores; y también debe estar dispuesto a hacer frente a todo lo que puede surgir en un tratamiento –– un análisis no es ejercicio intelectual ascético y es muy probable que emociones fuertes aparezcan en algún momento. 

Aunque el analista nunca hable de sí mismo, y de esta manera protege al paciente de cualquier interferencia, debe estar receptivo a lo que el paciente puede hacerle sentir ya que es una fuente valiosa de información sobre el funcionamiento interno del paciente, y puede indicar como el paciente se relaciona con personas importantes de su vida. Esta receptividad de parte del analista exige una honradez emocional de base, no huir de lo que uno siente, sea lo que sea, y no actuarlo tampoco. Huelga decir, esta honradez es la piedra angular de la ética profesional del psicoanalista, ética que prohíbe cualquier utilización del paciente para el beneficio del analista, a la vez que representa los cimientos del encuadre terapéutico.

Con respecto a la honradez intelectual, debemos comenzar con el hecho de que el psicoanálisis es una disciplina de una enorme riqueza y diversidad teórica. Desde los inicios del psicoanálisis los aportes de los analistas que trabajaban con niños y adolescentes, con familias, con grupos, y con patologías graves han ampliado significativamente nuestro conocimiento del funcionamiento mental, pero esta ampliación también ha complejizado muchísimo el campo y existen múltiples áreas que requieren una investigación más profunda y rigurosa. 

Esto significa que los psicoanalistas deben no sólo de tener una actitud abierta y crítica a los nuevos desarrollos teóricos, pero también un acercamiento juicioso al trabajo clínico, donde, como en cualquier otra disciplina científica, han de tener cuidado de no buscar ciegamente aquello que quieren encontrar (un sesgo muy común), sino estar abiertos a descubrimientos inesperados que pueden contradecir lo que pensaban originalmente. La base de esta honradez intelectual es, naturalmente, el reconocimiento de los límites de nuestro saber, lo cual nos permite evitar llegar a conclusiones precipitadas.

Empatía:
 
Para poder ser un analista competente es esencial ser sensible al sufrimiento de los demás. La empatía significa poder sentir con la otra persona lo que ella está sintiendo, implica una resonancia emocional, una receptividad a ser tocado emocionalmente por el otro, poder imaginar lo que siente. A veces se confunde con una perfecta simetría entre las experiencias del que sufre y las experiencias del que es empático, pero si esto fuera así restringiría seriamente nuestra capacidad de comprender a los demás ya que nuestras experiencias individuales son necesariamente limitadas. 

Los seres humanos sensibles pueden sentir e imaginar más allá de los límites de su experiencia personal. Dicho eso, alguien que nunca ha sufrido, o que nunca se ha permitido sentir el dolor emocional, tendrá dificultades para ser empático. Aquellos que serán analistas en el futuro a menudo habrán sido niños o adolescentes que escuchaban a los demás naturalmente, les consolaban, y eran sensibles a sus necesidades. Este rasgo empático será profundamente trabajado durante la formación del analista para que pueda estar suficientemente cerca del paciente para poder comprenderle, a la que vez que mantiene una distancia suficiente para no confundirse con él. Es un equilibrio dinámico que cambia con cada paciente, durante cada sesión, y requiere sensibilidad y flexibilidad.

Curiosidad:
 
El psicoanálisis se apoya en la observación clínica repetida que la búsqueda del conocimiento emocional profundo libera al individuo del sufrimiento innecesario. Para que se pueda acceder a este conocimiento tiene que haber una metodología de trabajo ––libre asociación de parte del paciente, y atención flotante de parte del analista–– aplicada dentro de un marco estable que crea las condiciones para que el análisis pueda ser riguroso. Un psicoanalista es un investigador: debe de tener la curiosidad, el deseo de saber, de descubrir, de comprender. Aquellos que desean ser psicoanalistas serán personas naturalmente curiosas, a menudo mucho más allá del psicoanálisis, gente con múltiples intereses. 

La curiosidad, a veces llamada la pulsión epistemofílica, es una gran fuente de energía para el trabajo analítico –– muchos son los autores que han escrito sobre la belleza y las sorpresas que brinda la profesión analítica, el privilegio de tener acceso a los laberintos tridimensionales de la mente humana. Esta misma curiosidad es esencial para que el paciente pueda identificarse con una actitud investigadora para consigo mismo, querer saber lo que le está pasando por dentro, llegar al fondo de las cosas. El análisis es efectivamente un proyecto de investigación a dos: uno provee el material, el otro guía la investigación, y los dos trabajan en la comprensión. La curiosidad es el origen de todo descubrimiento científico, de todo progreso, es lo que nos permite salir de las tinieblas.

Inteligencia:
 
La profesión psicoanalítica no requiere que uno sea un genio, ciertamente, pero no podría ejercerse bien sin un cierto grado de inteligencia. ¿A qué tipo de inteligencia nos referimos? Primero, la inteligencia para entender las teorías psicoanalíticas –– a menudo altamente sofisticadas–– en profundidad, y sobre todo poder comprender la naturaleza del tipo de conocimiento que nos brindan. La formidable complejidad del material con el que trabaja el psicoanálisis, la psique humana, así como el dispositivo analítico donde se recogen los datos para ser investigados, no permiten la creación de tantos “hechos comprobados” como aquellos que se encuentran en las ciencias llamadas “duras”. 

El conocimiento psicoanalítico se basa en modelos del funcionamiento mental, que se apoyan en muchísimas observaciones clínicas, pero están siempre sujetas a revisión. Estos modelos no deben ser reificados (transformados en objetos concretos), un error frecuentemente cometido por aquellos que no pueden soportar las incertidumbres inherentes a muchos ámbitos de la vida, y desean establecer “verdades” absolutas tranquilizadoras a todo precio. Por lo tanto, lo que los analistas dicen a los pacientes está casi siempre bajo la forma de una hipótesis que abre el campo del pensamiento, y que puede ser confirmada o refutada por las asociaciones del paciente. 

El conocimiento psicoanalítico requiere una articulación inteligente y sutil de dos esferas del conocimiento: a) la intuición clínica de los procesos inconscientes que no funcionan acorde con las reglas de la lógica; b) la capacidad de traducir estas intuiciones en un lenguaje que pueda ser comprendido por el paciente, y que sea susceptible de ser debatido racionalmente en reuniones científicas.

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Psicoanálisis en Madrid, Psiconalista en Madrid

Comentarios (2)

Cristhian Eduardo

22/04/2017 03:46h

Muy interesante esclarecedor a saber que es lo que hace el devenir como psicoanalista muchas tramas y caminos alguna vez escuche que uno se convierte en analista porque no sabe a que más dedicarse.

Jorge

04/02/2018 03:50h

Por tanto sin el grado de Psicología no puedes ser Psicoanalista aunque te hayas formado en una escuela psicoanalítica...

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