Comprendiendo y tratando psicológicamente a las inhibiciones

Anterior Siguiente
(0) 01/03/2017 12:28h
Comprendiendo y tratando psicológicamente a las inhibiciones

La inhibición se expresa de numerosas maneras. Es probablemente unos de los síntomas clínicos más comunes que ven los psicólogos, así como una de las limitaciones más frecuentes con la que algunos individuos, que se creen relativamente libres de dificultades, viven sin tener conciencia de ello.
 
La inhibición consiste en la imposibilidad de expresar libremente un deseo o una capacidad natural; el individuo está contreñido por ello y no puede desarrollarse plenamente. Suele conllevar una limitación importante al disfrute de vivir.
 
La inhibición se manifiesta a menudo en la sexualidad, a veces anulándola completamente, así como en la capacidad de afrontar los conflictos, dejando la persona sin defensas. No es raro que el intelecto, la atención y la memoria se encuentren trababas por ella, lo cual obstruye el desarrollo escolar y profesional.
 
A veces afecta la comida, reduciendo drásticamente la capacidad de alimentarse; puede aparecer en los momentos en los que uno tiene que hablar en público, dejando el sujeto mudo y confuso; y también es conocida entre los deportistas, que pueden encontrarse repentinamente incapaces de competir… La lista es potencialmente interminable.
 
¿De dónde viene, pues?

Fuentes de la inhibición

La inhibición es el resultado de una prohibición inconsciente que surge de la parte de la personalidad que se encarga de mantener el equilibrio moral (lo que está bien y mal) del individuo, así como su auto-estima.

Esta parte prohíbe la expresión de una moción de deseo, o de una capacidad natural del individuo, porque: son asociadas inconscientemente a algo moralmente reprehensible; o bien amenazan con exponer la auto-estima de la persona a una herida; y a veces las dos cosas simultáneamente.

Ejemplo de la inhibición de un deseo

Una mujer se encuentra incapaz de responder a los conflictos banales y corrientes de la vida cotidiana; atrapada en una pasividad dócil, no puede defenderse cuando la empujan en el metro, cuando se aprovechan de su buena voluntad en el trabajo, cuando invaden su terreno… Su agresividad ––pulsión natural y necesaria en todo ser humano–– está inhibida, lo cual le priva de su fuerza, su iniciativa y su capacidad de reacción. Aunque frustrada por ello, siente que no le queda otra opción que quedarse atrás, ser complaciente, y evitar todo tipo de tensiones potenciales.
 
¿Qué sucede en su interior? Es probable que, a nivel inconsciente, la expresión de la agresividad esté tan estrechamente asociada con fantasías destructivas que no pueda expresar la más mínima hostilidad sin miedo de desencadenar algo devastador. Afirmarse, tomar la delantera, decir que no, son vividos inconscientemente por ella, independientemente de su realidad benigna, como pudiendo tener consecuencias dramáticas y moralmente inadmisibles. Cualquier cosa que pueda ser asociativamente ligada a una idea de fuerza, enfado o vigor se convierte en inmediatamente peligroso. La inihibicón es una manera de protegerse de ese peligro fantaseado.

Ejemplo de una inhibición para proteger la auto-estima

Un hombre se controla constantemente: sus palabras, sus gestos, incluso los pensamientos que permite aflorar en su mente pasan por un filtro riguroso que reduce lo que puede expresar a un mínimo fuertemente encuadrado. Desprovisto de espontaneidad, este individuo se comporta de manera casi estereotipada y automática, la única manera que él encuentra aceptable. Le cuesta disfrutar de una alegría ligera, de una oportunidad imprevista y del humor, por temor a que revelarían algo vergonzoso en él. La capacidad de reírse de sí-mismo, liberadora para la mayoría de las personas, le es prácticamente inaccesible.
 
¿Cómo entender una limitación así? La experiencia demuestra que a menudo es el resultado de un ideal inconsciente intransigente de sí-mismo que tiraniza al individuo, obligándole a intentar alcanzar una imagen absoluta imposible. Imagen de una perfección deshumanizada, como una estatua de mármol, que exige que ninguna debilidad, ninguna falla se muestren porque serían vividas como decepciones humillantes. Esto conlleva un dilema doloroso para el individuo que sufre de ello: para poder quererse está obligado a intentar alcanzar esa perfección, pero para alcanzarla debe renunciar a su humanidad y al placer de vivir.

Tratamiento psicológico de la inhibición

El tratamiento de la inhibición pasa por un trabajo profundo sobre las exigencias excesivas, y las prohibiciones internas, para suavizar su rigor y permitir una elaboración más amplia de los deseos del sujeto. Dependiendo de la estructura de la personalidad en la cual se encuentran, las inhibiciones puras tienen a menudo un buen pronóstico terapéutico.

El objetivo del tratamiento es la liberación interna, que el individuo pueda sentir que es libre de expresarse en toda su complejidad, frecuentemente mayor de lo que sospechaba, y disfrutar más plenamente de sus propias capacidades y deseos. 

Anterior Siguiente
Psicoanálisis en Madrid, Psicólogo en Madrid

Comentarios (0)

Haga un comentario

Todos los campos son obligatorios. Los comentarios serán revisados antes de su publicación. Su email sólo será utilizado para informarle del estado de su comentario, en ningún caso será publicado ni proporcionado a terceros.

Código de seguridad, escriba el texto mostrado en la imagen.