¿Qué son el odio y el amor?

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(0) 13/03/2017 19:50h

El amor y el odio son afectos primarios que atraviesan la vida de todo ser humano, expresándose en múltiples niveles diferentes, integrándose cuando el desarrollo es feliz, y separándose cuando hay un exceso de experiencias de frustración intolerables.
 
Aunque todos tengamos un conocimiento intuitivo de lo que son, no siempre es fácil describir en qué consisten y de dónde vienen. Los psicólogos y los psicoanalistas han dedicado mucho tiempo a su estudio desde ángulos diversos.
 
Hace algunos años, Otto Kernberg, un psicoanalista de la IPA reconocido por el rigor de su trabajo empírico ––y que ha venido numerosas veces a enseñar a Madrid–– fue entrevistado en un programa de televisión chileno, La Belleza de Pensar. Dedicó una sección de la entrevista al odio y al amor, hablando desde una perspectiva concreta del psicoanálisis que se llama relaciones de objeto.
 
Empieza hablando de las raíces del odio, que se hunden en las primeras experiencias de rabia que se manifiestan en el bebé frente a estímulos desagradables –– por ejemplo, ante el dolor del hambre aparece la rabia contra ese dolor.
 
La rabia tiene la función de intentar eliminar un estímulo nocivo, procura destruir algo o alguien que está causando el daño. Más adelante en el desarrollo la rabia puede tomar la forma de inducir dolor en el otro por venganza, y, finalmente, en un desarrollo normal, se transforma simplemente en el deseo de controlar el objeto que ha causado el dolor.

Dependiendo de si han predominado las experiencias de satisfacción o de frustración, el desarrollo de estos afectos primarios irá en una dirección o en otra. Si se repiten muchas malas situaciones en la vida temprana del sujeto se crea una representación de algo malo dentro del él, que quiere atacar y destruir para intentar librarse de ello –– se siente perseguido por esa cosa mala dentro de él. 

El odio, entonces, es la fijación caracterológica de una relación persecutoria en la que uno, siendo perseguido, quiere destruir y controlar a su persecutor. Odiamos a aquello que sentimos nos produce un intenso daño, y la intensidad de nuestro odio será proporcional a los daños vividos en el pasado.

En un desarrolló más satisfactorio, donde han predominado experiencias buenas, se integran los sentimientos idealizados normales y persecutorios hacia las otras personas. El amor y el odio por la misma persona tienden a juntarse en la mente del sujeto, y a esto lo llamamos ambivalencia. Lo normal es que el amor domine sobre el odio, y así se integra el odio, forma parte de la relación, pero no la invade. 

Cuando se reconoce que uno odia a la persona a la que también quiere, uno se siente culpable, quiere reparar el daño que uno haya hecho y, paradójicamente, eso profundiza la relación de amor, y aumenta el compromiso entre las dos personas. La agresión da intensidad y profundidad a las relaciones, y la sexualidad siempre tiene un componente agresivo.

Aunque exista el potencial tanto para amar como para odiar, en condiciones normales el amor predomina sobre el odio. El amor sexual es un deseo pasional por la otra persona que incluye atracción sexual, ternura, el aprecio por la persona, y verla como representando profundos ideales de lo que nos gustaría que fuera la pareja. 

Ahora bien, existen diversos planos en el amor. Hay el aspecto esencial del deseo, pero también incluye la posibilidad de captar la limitación de fusionarse con otra persona, la tolerancia a la separación, la ambivalencia, y la limitación por el tiempo de la vida. 

Amar y ser amado es una necesidad profunda del ser humano en condiciones óptimas. 

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Psicoanálisis Internacional, Psicólogo en Madrid, Psiconalista en Madrid

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