Tratamiento del trauma psicológico

¿Qué es el trauma psicológico?
El trauma psicológico es el resultado de un doloroso exceso de intensidad emocional que quiebra el funcionamiento mental de un sujeto adulto, o que distorsiona gravemente el desarrollo del funcionamiento mental de un niño.
Los traumas psicológicos más comunes resultan habitualmente de: a) una ruptura en el sentimiento de seguridad básico; b) una carencia de interacción humana necesaria; c ) ser objeto de expresiones excesivas e inadecuadas de agresividad y/o sexualidad. Aunque solemos asociar la palabra trauma a algo masivo y evidente, debemos recordar que también puede ser pequeño y acumulativo.
De la misma manera que los tejidos fisiológicos pueden resistir una cierta fuerza de impacto sin deteriorarse más allá de su capacidad de recuperarse solos, el tejido mental puede resistir una cierta cantidad de impacto emocional sin dañarse más allá de su capacidad de reponerse solo. Sin embargo, a partir de un cierto umbral, el impacto es demasiado fuerte, y modifica de manera negativa, y permanente, los tejidos fisiológicos o la estructura mental del individuo.
A partir de ese momento, si no se aplica un tratamiento, el daño tenderá a cronificarse y a comprometer el resto del funcionamiento del sujeto. De la misma manera que una pierna rota, que no se ha tratado adecuadamente, limitará seriamente la movilidad del individuo ––además de causarle descompensaciones musculares, de cadera y vertebrales–– un trauma psicológico no tratado dejará a la persona “coja” emocionalmente, a la vez que creará toda una serie de comportamientos compensatorios que paradójicamente empeoran el estado inicial.
¿Cómo nos afecta el trauma psicológico?
Sin entrar en grandes complejidades que no tienen cabida aquí, se puede entender la mente como un procesador de estímulos (internos y externos) que los utiliza para mantenerse y crecer. Este procesador también necesita descargar los estímulos que sobrepasan su capacidad de utilizarlos para el crecimiento, y la descarga está frecuentemente asociada a un placer (la actividad creativa, la actividad física, la sexualidad, etc.). A nivel neuronal, todo estímulo crea una activación de las neuronas que tiene que ser tramitada, absorbida o descargada de alguna manera.
Este sistema procesador de estímulos tiene dos umbrales, uno inferior y otro superior, por debajo y por encima de los cuales no puede funcionar. Por debajo de un determinado umbral de estimulación la mente de un adulto empieza a deteriorarse y la de un niño no se desarrolla. Por encima de un determinado umbral de estimulación la mente de un adulto se rompe por un exceso de carga y la de un niño se distorsiona al intentar adaptarse a ese exceso. Para visualizarlo fácilmente, se puede hacer una analogía con el desarrollo muscular, en el que las cargas a las que están sometidos los músculos tienen que estar dentro de su rango de posibilidades.
Trauma por exceso, trauma por defecto
El trauma se suele asociar a un exceso de estímulo que viene de fuera y que daña gravemente al sujeto. Los traumas por agresiones físicas o los traumas por abuso sexual son ejemplos de esto y son las formas más visible de trauma.
Sin embargo, el cuerpo también produce estímulos internos que necesitan ser tramitados y descargados, pero solamente pueden ser descargados con la ayuda de otra persona que provee las condiciones necesarias para que lo puedan ser.
Un ejemplo claro de esto es el estado de excitación-agresión en la que se encuentra un bebé que tiene hambre. Esa excitación es producida internamente y necesita una figura de cuidados externa que le dé de comer (no de cualquier manera) para poder calmarse y satisfacerse. Si hay un defecto en la provisión de comida, parte de la excitación interna del bebé no podrá descargarse y sobrecargará su frágil sistema de procesamiento de estímulos, creando un trauma. Este ejemplo es igualmente válido para las necesidades internas de contacto físico tierno, de sexualidad y de agresividad.
Cuando falta un contacto suficiente con otra persona que provee las condiciones necesarias para satisfacer necesidades internas, se crea un trauma poco evidente desde fuera que se expresa en una mente frágil expuesta a una sobrecarga constante de estímulos internos.
El tratamiento del trauma psicológico
Una característica muy común del trauma psicológico es que suele repetirse a lo largo de la vida del sujeto que ha sufrido el trauma. Esta repetición puede ser evidente, como los recuerdos traumáticos que vuelven sin parar, o menos evidente, como situaciones traumáticas que se repiten en la vida del sujeto sin que éste entienda por qué o sepa reconocerlas.
Quien ha sufrido un trauma suele encontrarse, de manera más o menos inconsciente, en un bucle infernal que repite incesantemente el trauma. Pensamos que esto puede deberse a dos razones: a) la repetición puede tener un elemento de intentar controlar y revivir la experiencia para que, esta vez, se pueda superar o arreglar; b) la repetición puede deberse a que un elemento de la situación traumática engancha con algo inconsciente interno del sujeto que se queda crónicamente sobre-estimulado por el trauma y se tuerce de manera que no puede evitar buscar repetitivamente algo excesivo (o defectuoso).
El tratamiento del trauma, por lo tanto, consiste en ayudar al paciente a salir de la repetición perjudicial y a encontrar maneras de poder procesar y descargar el exceso de estimulación crónica de la que sufre. Este proceso vuelve a poner en marcha el desarrollo de la mente y permite al sujeto a estar más robusto y flexible frente a las adversidades de la vida.
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